Se crió en Atalaya y debutó en primera en 1974, consagrándose campeón en la B y erigiéndose como promesa.
Habilidad, precisión, ingenio, un verdadero mago del balón. Subió al primer equipo de la mano de otro referente en la historia del club, Carriello. Lo que demostró en el azul y en la Selección Nacional juvenil subcampeón en Ecuador, lo erigió en un jugador al que a Rosario le quedaba chico.
En 1979 pasó a Central, donde comenzaría todo un camino de logros y consagraciones para luego desembarcar en la Liga Nacional y codearse con los grandes. Se dio el lujo de que lo dirigiera León Najnudel en Sport de Cañada de Gomez.
En 1991 volvió a vestir la camiseta que lo vio nacer, pero esta oportunidad fue por solo un año y en el Federativo D.