El corazón interminable de Piva, que penetraba y en el momento de defender se transformaba en un muro y robaba pelotas decisivas, lo convirtió en uno de los emblemas en la historia de la institución. Con su velocidad y agilidad se las arreglaba para contrarrestar la altura de los demás y hasta para “robar” rebotes.
De juego muy parecido a Cameroni. Campeón en el 92 y en el 97. Toda su vida la pasó en el club. Estuvo en las buenas, en las no tantas y en las malas.
Todo un símbolo de la década del 90 y 00.
Ojalá muchos jugaran como lo hizo el…con el corazón.
Escrito por atalayaclubemblemas